miércoles, 23 de noviembre de 2011

Live And Let Die.


Este mundo es un error. Un completo y absoluto error. No un error cualquiera, fruto del azar caprichoso, no.  Fue diseñado precisamente así, dejando que se pudriera todo según precisos cálculos matemáticos, no haciendo nada salvo calcular como no haciendo nada se corrompería todo de este modo. Ese mundo es la demostración empírica de la Segunda Ley de la Termodinámica.
La pregunta no es porque hicieron esto, si no para que. Y su fin es muy simple. La aniquilación. El exterminio. Total y absoluto. Sin concesiones, implacable. El exterminio total y sistemático de todos aquellos que como yo, tuvimos la desgracia de nacer en este infierno.
Aunque realmente, nacer no es lo grave. Lo realmente grave es sobrevivir los tres primeros años de vida. Tras esas etapa llega otra casi mas dura que va entre los tres y los diez; y luego el infierno cuando el cuerpo crece al albor sexual, hasta los quince como poco y normalmente mas allá aún. Juventud y presa fácil son en este pandemonio sinónimos.
Después de todas esas carencias, de todos esos golpes y vejaciones, de padecer frio y hambre, de dormir con los ojos abiertos y de esconderse continuamente, uno esta de suerte si ha sobrevivido. Ha pasado de ser presa a ser cazador, e invierte los papeles con sumo gusto.
Es en este punto cuando se toma la decisión, la única verdaderamente importante que se toma aquí. O se suicida uno para no ver el resto o se sigue viviendo hasta el desenlace, y para ello uno se arranca los lagrimales. De todas formas, nadie llega a viejo en este sucio mundo. A débiles e indefensos se les mata con especial – y entrañable -placer. Si tienen, suerte, claro.
Quizá por todo ello me tendría que haber resignado a mi suerte. Quizá debería haberme quedado esperando lo inevitable, pasando en paz lo poco que me resta en este valle de vísceras y sangre. Al fin y al cabo soy un afortunado: nunca< tuve una enfermedad tan grave que me impidiese, o una herida tan profunda que no cicatrizase ni tengo ningún hueso desecho y a mi buen estado de forma física aun que le quedan años de vigor.
Y sin duda lo habría hecho si no fuera por lo que me hicieron. Bueno, y por lo que nos van a hacer. Pero no  ni altruista ni mentiroso… Y hay algo que no les voy a perdonar nunca. Nunca. Jamás. Algo que hace que cuando dude, me inflame el corazón; que me quemen las venas, que mi alma tenga extasías de dolor eterno, que mí ser entero se estremezca en el odio más absoluto y descarnado, que aúlle al a la luna como un lobo fantasmal; me hace desear que el odio que ellos han desencadenado les rodee como una siniestra mortaja empapada en la sangre de millones de inocentes.
No me han arrebatado la vida, no, me han hecho algo peor. Podían haberme matado, pero en vez de eso me han hecho su esclavo.
Soy adicto. Adicto. Adicto a la mejor mierda que existe. Adicto a una droga tan fuete que dejarla es sinónimo de muerte. En un cirulo vicioso infernal. Pues la adicción, como es lógico, sube como la espuma día a día. Si no se toman las dosis a tiempo, uno muere por paro cardiaco. Pero si se sigue con ella… la droga provoca que el cuerpo sintetice una enrome cantidad de adrenalina en sangre, conjuntamente con una enorme segregación de testosterona. Una embriagadora sensación de triunfo y de fuerza te domina; pero en contrapartida, el ritmo cardiaco sube a mas de cien pulsaciones por minuto (en reposo, claro), aunque una proteína impide que mueras mientras la dosis aun surja efecto. Si eres débil muwere de todas las manera, si no lo eres, mueres al debilitar pogreisivamente tu corazón, pero con una pavorosa agonía, pues el corazón va manteiendose poco a pco gracias ala droga hasta que finlamente termin por roperse. En el intermedio una lea y exquisita tortura cuando pco a pco, deliciosamente poco a pco, el corazón va fallando, va frenandop, va parando hasta que por fin… por fin… Se detiene completamente incapaz de seguir el explosivo ritmo que le marca la adicción y falla.
Ese es el futuro que me espera, pero no es eso lo que me aterra. Lo que me aterra es el futuro. Yo he visto el futuro. Lo h visto.
 Y juro que prefiero hacerme una lobotomía frontal antes de volver a pensar a en el.
No  como ocurrió… Debía de trabajar en alguno de los edificios de allí arriba, en alguna jodida…¿ como lo llaman? Ah, si en alguna jodida empresa. A veces pasa. A veces… los encontramos en nuestro suelo. No sé si caen por accidente, los tiran, los asesinan o que. Pero a veces caen. No nos importa mucho porque están crujientes y sabrosos, son un poco como una bendición de los cielos, una variación en el menú. Así que el día en que lo vi me sentía afortunado. Ahora mismo, me maldigo a mí por cada segundo que lo vi, que me acerque a él, y ese recuerdo martillea mis noches insomnes. Pero ya no hay salida ahora…
Aquel hombre llevaba encima unos papeles; que me imagino que nadie se los pensó quitar porque nadie aquí abajo sabe leer. Pero yo sí, para mi desgracia. Los iba a destruir apenas los vi, peo un poco antes les eche un vistazo, no sé muy bien porque.
Jamás repetiré ese error.
Era un plan. El relato de un plan.  Un plan de exterminio. Total y absoluto. A través de…
Una droga. Ahora se cual.
Una tan perfecta y adictiva que dejarla era la muerte segura; la adicción, también, a corto plazo, y su uso masivo desataría la violencia a tales extremos que incluso esta bella soiedad pareceria un paseo comparado copn lo que vendría despue´s.
Este mundo  desaparecería cubierto de maremotos de sangre, en huracnes roja muerte, en Armagedones cotidianos. Si la droga no nos mataba, lo haríamos nosotros mismos. Un plan perfecto, sin fisuras.
Nunca me consideré un héroe. En verdad, soy todo aquello que un héroe no puede ser.
Pero he visto el futuro.
Y me aterra.
Incluso a mí.
He visto los efectos de un pequeño cajón de droga que cayó cerca de donde vivo.
Y he visto a recién nacidos arrancando el pecho de su madre de chupar frenéticamente.
He visto a niños descuartizándose por conseguir unas dosis más que los matarían indefectiblemente.
He visto a personas  con la columna rota arrastrándose en vano para intentar llegar a alcanzar un poco más.
Lo he visto todo por una fracción de segundo.
Todo.
Hasta que me lo metí en vena.
Y entonces deje de verlo para empezar a sentirlo.
Yo no puedo ayudar a nadie.
Y tampoco quiero.
Pero si puedo vengarlos.
Y la venganza es mi plato favorito.
Una vez leí que hay una hora para cada hombre.
Y esta es la mía.
Esta noche comenzara todo.
Esta noche terminará todo.
Cuando el nuevo día comience habrá quedado en el aire resonando mi canto de odio eterno.
El mismo frio que cada noche atenaza mis miembros esta vez será mi aliado, pues me impulsa, me fuerza a no quedarme quieto, a no dejarse ir por la desesperanza, por la inacción, a caminar siempre par evitar el fantasma de la congelación.
Mi objetivo esa tan cerca y a la vez tan lejos…
Es nada más y nada menos el mismo rascacielos cuya pared  me sirve de cobijo, pues es el núcleo central de la sociedad de arriba.
Y la primera parada ya se abre hacia mí con su negra boca.
Sola hay una entrada para alcanzar el edificio.
Nadie la ha cruzado y ha vuelto para contarlo.
Ya es hora de que vuela alguien.
Son las doce de la noche.
Mi venganza comienza..
Ahora.
http://www.youtube.com/watch?v=BHfE682mm3c

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